La informalidad es una de las características más persistentes de las economías en desarrollo. En países como Perú, una gran proporción de trabajadores y empresas opera fuera del marco regulatorio del Estado. Esto implica que muchas actividades económicas no están registradas formalmente, no pagan impuestos o no cumplen completamente con la legislación laboral. Según estimaciones del INEI (2024), el 72.1% del empleo en Perú se encuentra en condiciones informales, una de las tasas más altas de América Latina. Esta situación no solo refleja limitaciones institucionales o regulatorias, sino también factores estructurales relacionados con la productividad, el funcionamiento del mercado laboral y las oportunidades económicas disponibles.
Durante mucho tiempo, la informalidad fue interpretada como un sector completamente separado del formal, caracterizado por baja productividad y actividades de subsistencia. Sin embargo, investigaciones recientes muestran una realidad más compleja: empresas formales e informales suelen coexistir dentro de las mismas industrias y sus niveles de productividad pueden superponerse. En esta línea, la informalidad puede entenderse como el resultado de decisiones económicas de las firmas frente a los costos y beneficios de operar formalmente (Ulyssea, 2025).
El presente artículo busca profundizar en la comprensión de la informalidad, más allá de sus definiciones tradicionales. En particular, se abordará qué entendemos por informalidad desde una perspectiva económica y se revisarán algunos hechos estilizados que caracterizan su persistencia en el Perú, tales como su elevada incidencia, su relación con la productividad y su distribución heterogénea entre sectores y regiones. Con ello, se pretende ofrecer un marco que permita interpretar este fenómeno de manera más integral y aportar a la discusión sobre sus implicancias para el desarrollo económico.
¿Qué es la informalidad?
En términos generales, la informalidad se refiere a actividades económicas que operan fuera del sistema formal regulado por el Estado. Esto puede incluir empresas que no están registradas legalmente, trabajadores sin contrato formal o negocios que no cumplen con sus obligaciones fiscales y laborales. Si bien la informalidad ofrece el beneficio de evitar la carga de la regulación y la tributación, quienes participan en ella enfrentan los costos de no contar con la protección y los servicios que la ley y el Estado pueden proporcionar (Loayza, 2016).
Tradicionalmente, la informalidad se ha entendido como una decisión binaria: las empresas son formales o informales. Sin embargo, como señala Gabriel Ulyssea (2018), esta visión es incompleta. La informalidad también puede darse dentro de empresas formales; es decir, una empresa puede estar registrada y, aun así, contratar trabajadores sin cumplir con las normas laborales. Esta distinción entre un margen extensivo (ser formal o no) y un margen intensivo (el grado de cumplimiento dentro de la formalidad) permite comprender mejor la magnitud y complejidad de la informalidad.
En este marco, el margen extensivo se refiere a la decisión de las empresas de registrarse o no formalmente; para alcanzar el estatus formal, una empresa debe cumplir con requisitos legales y asumir costos de entrada. Por su parte, el margen intensivo alude al comportamiento de empresas que, aun siendo formales, emplean trabajadores de manera informal, es decir, sin contratos ni acceso a protección social. La evidencia empírica muestra que este fenómeno es frecuente en economías emergentes: la proporción de trabajadores informales dentro de empresas formales alcanza aproximadamente el 56 % en México, el 40 % en Brasil y el 32% en Perú (Gabriel Ulyssea, 2018; Samaniego de la Parra y Bujanda, 2024; Cisneros-Acevedo, 2022).
En conjunto, este enfoque permite entender que la informalidad no constituye un sector completamente separado del formal, sino un fenómeno que también puede manifestarse dentro de las propias empresas y mercados.
Características del empleo y las empresas informales
Las empresas informales suelen ser de menor tamaño, pagar salarios más bajos y generar menores ganancias en comparación con las empresas formales. Sin embargo, esta diferencia no implica la existencia de una división tajante entre ambos sectores. De hecho, investigaciones recientes muestran que las empresas formales e informales coexisten dentro de las mismas industrias y que sus niveles de productividad pueden superponerse significativamente, lo que sugiere la presencia de un continuo productivo más que una dualidad estricta (La Porta & Shleifer, 2014).
En línea con esta evidencia, los datos para el Perú muestran una fuerte relación entre el tamaño de la empresa y la informalidad (Gráfico 1). Según la Encuesta Permanente de Empleo Nacional (EPEN) del INEI, la tasa de informalidad es considerablemente más alta en las unidades productivas más pequeñas: en 2024, alcanza el 88,5% en empresas de 1 a 10 trabajadores, en contraste con 47,6% en aquellas de 11 a 50 trabajadores y solo 16,4% en empresas de mayor tamaño. Este gradiente sugiere que la informalidad no es un fenómeno aislado, sino que está estrechamente vinculada a las limitaciones estructurales que enfrentan las empresas de menor escala.
Gráfico 1: Tasa de informalidad en el Perú por tamaño de la empresa, 2022–2024
(medido en dólares)
Fuente: Encuesta Permanente de Empleo Nacional (2024). Elaboración Propia.
En cuanto al empleo informal, diversos estudios identifican patrones sistemáticos en su distribución dentro de la población. La evidencia muestra que la informalidad presenta una relación en forma de U con la edad, siendo más alta entre los trabajadores jóvenes y los de mayor edad; además, es más frecuente entre mujeres y disminuye con el nivel educativo (Perry et al., 2007; OECD/ILO, 2019).
En el caso peruano, estos patrones también se observan claramente en los datos recientes. En el Gráfico 2 se evidencian diferencias sistemáticas por características demográficas. En particular, la informalidad es consistentemente mayor entre las mujeres (73,3% en 2024) que entre los hombres (69,1%), lo que sugiere brechas persistentes en el acceso a empleos formales. Por grupos etarios, se observa una clara relación en forma de U: la informalidad es significativamente más alta entre los jóvenes de 14 a 24 años (85,6% en 2024), disminuye en el grupo de 25 a 44 años (66,5%) y vuelve a incrementarse entre los trabajadores de 45 años a más (71,0%). Estos patrones son consistentes con la evidencia internacional y refuerzan la idea de que la informalidad no afecta de manera homogénea a la población, sino que se concentra en grupos con mayores restricciones en el mercado laboral.
Gráfico 2: Tasa de informalidad en el Perú por sexo y grupo etario, 2022–2024
Fuente: Encuesta Permanente de Empleo Nacional (2024). Elaboración Propia.
Asimismo, la informalidad desempeña un papel crucial durante los periodos de crisis económicas. Ante recesiones o shocks negativos, muchas personas recurren al autoempleo o a actividades informales como mecanismo de subsistencia, funcionando como un amortiguador del desempleo (Loayza & Rigolini, 2011). No obstante, la movilidad hacia y desde el sector informal suele estar asociada con trayectorias laborales inestables, caracterizadas por bajos salarios y limitadas oportunidades de progreso (Bosch & Maloney, 2010).
Además, la informalidad cumple una función importante durante periodos de crisis económicas. Cuando las economías enfrentan recesiones o shocks negativos, muchas personas recurren al autoempleo o a actividades informales como mecanismo de subsistencia. En este sentido, la informalidad puede funcionar como un amortiguador del desempleo.
Sin embargo, moverse dentro y fuera del sector informal suele estar asociado con trayectorias laborales inestables, caracterizadas por bajos salarios y escasas oportunidades de progreso.
Determinantes de la informalidad
Una de las preguntas centrales en la literatura económica es por qué muchas empresas deciden permanecer en la informalidad. Durante años se consideró que los principales obstáculos para la formalización eran los costos de registro y los trámites burocráticos necesarios para iniciar un negocio formal. Sin embargo, la evidencia empírica sugiere que la reducción de estos costos iniciales tiene efectos limitados sobre las tasas de formalización.
Por ejemplo, el experimento de campo realizado por Miriam Bruhn y David McKenzie (2014) en México encontró que la simplificación de los procedimientos de registro tuvo un impacto modesto en la formalización de empresas existentes, aunque sí facilitó la creación de nuevos negocios formales.
El trabajo de Gabriel Ulyssea (2018) profundiza en esta discusión mediante un modelo estructural aplicado a Brasil. Sus resultados muestran que otros factores juegan un papel más determinante:
1. Reducción de los costos permanentes de la formalidad
Incluye impuestos, regulaciones laborales y obligaciones administrativas que las empresas deben cumplir de manera continua.
2. Aumento de los beneficios de ser formal
Entre ellos se encuentran el acceso al crédito, la posibilidad de participar en contratos con el Estado y la protección legal.
3. Incremento de la fiscalización
Cuando aumenta la probabilidad de detección y sanción, operar informalmente se vuelve menos atractivo.
Estos hallazgos sugieren que las políticas de formalización deben ir más allá de la simplificación administrativa y considerar incentivos y mecanismos de cumplimiento más amplios.
Los efectos de la informalidad: entre costos y beneficios
La informalidad tiene efectos distintos dependiendo del nivel de análisis.
A nivel de empresa
Diversos estudios encuentran que la formalización no siempre genera impactos significativos en la rentabilidad o el crecimiento de las pequeñas empresas. Por ejemplo, el experimento realizado por Miriam Bruhn y David McKenzie (2014) muestra que muchas empresas formalizadas no experimentaron cambios sustanciales en su desempeño económico. De manera similar, Florencia Levy (2008) argumenta que, en contextos como el mexicano, los incentivos institucionales pueden fomentar la permanencia en la informalidad.
A nivel agregado
En contraste, a nivel macroeconómico la formalización puede generar beneficios sustanciales. La Porta y Shleifer (2014) sostienen que la informalidad está asociada con menores niveles de productividad agregada, y que la reasignación de recursos hacia empresas más productivas puede impulsar el crecimiento económico.
Entre los principales beneficios a nivel agregado se encuentran:
Aumento de la productividad agregada.
Reasignación de recursos hacia empresas más productivas.
Mejor asignación entre trabajadores y empleos.
Mayor inversión en capital humano (Perry et al., 2007).
No obstante, estos beneficios pueden venir acompañados de costos de transición. Si las políticas de formalización reducen rápidamente la actividad informal, algunas personas podrían enfrentar dificultades para encontrar empleo formal en el corto plazo, especialmente aquellas en situación de vulnerabilidad (Ulyssea, 2018).
En consecuencia, las políticas de formalización tienen el potencial de impulsar la productividad y el crecimiento económico en el largo plazo, pero deben diseñarse cuidadosamente para mitigar sus efectos negativos temporales. Esto resalta la importancia de complementar dichas políticas con medidas de protección social y programas que faciliten la transición hacia empleos formales.
Conclusiones
La informalidad es un fenómeno complejo que refleja tanto decisiones individuales como condiciones estructurales de las economías en desarrollo. En países como Perú, su persistencia está relacionada con niveles de productividad, instituciones del mercado laboral, incentivos regulatorios y oportunidades limitadas de empleo formal.
La evidencia reciente sugiere que reducir los costos de registro por sí solo no es suficiente para reducir la informalidad. Políticas más efectivas incluyen mejorar los beneficios de la formalidad, reducir los costos permanentes de cumplir con las regulaciones y fortalecer los mecanismos de fiscalización.
Al mismo tiempo, es importante reconocer que la informalidad también cumple una función económica al absorber trabajadores durante periodos de crisis. Por ello, las políticas públicas deben considerar cuidadosamente los costos de transición asociados con los procesos de formalización.
Finalmente, es poco probable que las economías simplemente superen la informalidad únicamente mediante el crecimiento económico. Comprender sus causas y dinámicas sigue siendo un desafío central para las políticas de desarrollo y para la investigación futura.
Referencias
Bosch, M., & Maloney, W. F. (2010). Comparative analysis of labor market dynamics using Markov processes: An application to informality. Labour Economics, 17(4), 621–631.
Bruhn, M., & McKenzie, D. (2014). Entry Regulation and Formalization of Microenterprises in Developing Countries. The World Bank Research Observer, 29(2), 186–201.
International Labour Organization (2018). Women and Men in the Informal Economy.
La Porta, R., & Shleifer, A. (2014). Informality and Development. Journal of Economic Perspectives, 28(3), 109–126.
Levy, S. (2008). Good Intentions, Bad Outcomes: Social Policy, Informality, and Economic Growth in Mexico. Washington, DC: Brookings Institution Press.
Loayza, N. V., & Rigolini, J. (2011). Informal Employment: Safety Net or Growth Engine? World Development, 39(9), 1503–1515.
OECD/ILO. (2019). Tackling Vulnerability in the Informal Economy. Paris: OECD Publishing.
Perry, G. E., Maloney, W. F., Arias, O. S., Fajnzylber, P., Mason, A. D., & Saavedra-Chanduvi, J. (2007). Informality: Exit and Exclusion. Washington, DC: World Bank.
Ulyssea, G. (2018). Firms, Informality, and Development: Theory and Evidence from Brazil. American Economic Review, 108(8), 2015–2047.
Ulyssea, G. (2020). Informality: Causes and Consequences for Development. Annual Review of Economics.