El término nini se asigna a jóvenes de entre 15 y 29 años que no estudian ni trabajan, y se utiliza principalmente como un indicador de vulnerabilidad juvenil para evaluar las dificultades de los jóvenes durante la inserción en los sistemas de educación y en el mercado laboral. Sin embargo, en un país de alta informalidad como el Perú, resulta una medida insuficiente para captar la complejidad de la vulnerabilidad juvenil en el mercado laboral.
La vulnerabilidad juvenil debe definirse por la inactividad laboral de los jóvenes y también por la inserción en empleos precarios y mal remunerados, pues ambos perpetúan la exclusión social y dificultan el acceso a un trabajo de calidad (Alcázar & Balarin, 2022). Según el INEI (2025), en el período julio 2024–junio 2025, la tasa más alta de empleo informal se presenta en los jóvenes ocupados de 14 a 24 años, alcanzando el 85,4%, lo que evidencia que existe una parte relevante de la vulnerabilidad juvenil que no es capturada por la tasa de los ninis (Alvarado et al., 2020).
En este artículo se revisan y discuten las limitaciones del indicador nini para el Perú identificados por Alcázar y Balarin (2022), con el fin de sentar las bases para el desarrollo de enfoques alternativos de medición que permitan diseñar políticas públicas más efectivas. Adicionalmente, se discuten los resultados de Alcázar et al (2020) para entender la persistencia del status de los nini y empleados precarios con el tiempo.
Jóvenes ocupados pero vulnerables: lo que los ninis oculta
A lo largo del ciclo de vida, los jóvenes se enfrentan a una transición decisiva: el paso al sistema educativo superior y/o al mercado laboral. Aquellos que no logran insertarse en ninguno de estos espacios son calificados como jóvenes ninis. Desde una perspectiva económica, “el fenómeno de los ninis representa el subempleo del capital humano y la pérdida de oportunidades productivas”, y que de insertarse en el sector productivo, podrían dinamizar el mercado laboral (Alvarado et al., 2020; Ascencios et al., 2025). Asimismo, la tasa de ninis representa un indicador de exclusión social y vulnerabilidad, ya que la condición de nini incrementa la probabilidad de sufrir pobreza y desempleo crónico en el futuro (Alcázar & Balarin, 2022). En el Perú, para el 2024, 17,4% de jóvenes peruanos, de 15 a 29 años, ni estudian ni trabajan (ninis), cifra superior a la observada en 2019 (INEI, 2024).
Gráfico 1: Evolución de la población de 15-29 años de edad que ni estudian ni trabajan, 2014-2024
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática - Encuesta Nacional de Hogares.
La tasa de ninis es una métrica atractiva debido a su comparabilidad internacional y a que ofrece una visión más amplia que la tasa de desempleo (Brockie & O’Higgins, 2024). De acuerdo a la Figura 2, entre los países latinoamericanos reportados por la OCDE (2025), Colombia es el país con mayor porcentaje de jóvenes que ni estudian ni trabajan, seguido por Costa Rica y Brasil. Asimismo, todos los países latinoamericanos evaluados reportan porcentajes de jóvenes ninis por encima del porcentaje promedio de los países miembros de la OCDE. Por su parte, Perú tendría alrededor de 21.2% de jóvenes que ni estudian ni trabajan.
Gráfico 2: Porcentaje de jóvenes de entre 18 y 24 años que ni estudian ni trabajan en Latinoamérica, 2024
Fuente: Elaboración propia con base en OCDE (2025) Education at a Glance.
Nota: El año de referencia de 2024 difiere para Chile por 2022 y Brasil por 2023
No obstante, la principal crítica de este indicador es que asume que la vulnerabilidad de aquellos jóvenes culmina cuando consiguen insertarse en el mercado laboral. Es decir, ignoran a aquellos jóvenes quienes en su necesidad económica de estar empleados y recibir una remuneración aceptan empleos en condiciones precarias (Abbott & Teti, 2017). Esta crítica es relevante en el contexto peruano, donde la PEA ocupada informal representa el 70,9% del total de la población ocupada y 85,6% de los jóvenes de 14 a 24 años son empleados informales en el 2024 (INEI, 2025).
De acuerdo a la OIT (2024), el empleo informal se caracteriza por la ausencia de protección contractual y el acceso a seguridad social como servicios de salud y pensiones, es decir, el trabajador informal se mantiene fuera del marco legal sin la protección del Estado. Además, este se asocia a salarios más bajos en comparación con los salarios de los empleados formales, una mayor volatilidad en los ingresos que no permite tomar decisiones de ahorro y una mayor incidencia de trabajar a tiempo parcial de manera involuntaria, por lo que en la región el 9.8% de ellos busca un segundo empleo para compensar los bajos salarios. En cuanto a la productividad, la informalidad se vincula a mercados laborales segmentados y de baja productividad que restringe la acumulación de capital humano y las oportunidades de capacitación.
Por otro lado, el subempleo, como otro indicador relevante, refleja la ineficiencia del mercado laboral y la falta de empleo de calidad (Ceplan, 2024). El subempleo se define como la subutilización de la fuerza laboral, ya sea por una utilización incompleta de las capacidades del trabajador o por insuficiencia de horas trabajadas o de ingresos, incluso cuando existe la disposición de trabajar más horas o percibir mayores ingresos (OIT, 2024; Ceplan, 2024). Por lo tanto, un alto nivel de subempleo indica que, aun cuando los individuos se encuentran ocupados, no alcanzan a satisfacer sus necesidades básicas ni a utilizar plenamente su capital humano (Ceplan, 2024).
En el Perú, en el 2024, la población ocupada subempleada se situó en 8 millones 145 mil 500 personas, reduciéndose en 1,6% con respecto al 2023. Sin embargo, aún se mantiene superior a sus niveles pre pandemia. Asimismo, la población de 14-24 años presenta la mayor tasa de subempleo (57.9%) en comparación a la población de entre 25 a 44 años (36.7%) y de 45 años a más (48.6%) (ver Figura 3).
Gráfico 3: Tasa de subempleo 2024 por grupos de edad.
Fuente: Elaboración propia con base en INEI (2025) Indicadores del Mercado Laboral a nivel departamental 2022-2024, a partir de datos de la ENAHO.
En ese sentido, la vulnerabilidad juvenil no debería enfocarse meramente en la inactividad per se, como destaca el indicador nini, sino también en la vulnerabilidad generada por una inserción laboral precaria, sea como empleado informal o encontrándose subempleado. Este enfoque más amplio permite entender el mecanismo por el cual, aun cuando los jóvenes logran insertarse en el mercado laboral, se perpetúan condiciones de vulnerabilidad a largo plazo al restringir la generación de ingresos adecuados, la acumulación de capital humano y las oportunidades de movilidad laboral.
Evidencia empírica: ¿Es la precariedad laboral más transitoria que la inactividad?
Alcázar et al. (2020) identifican la persistencia de mantenerse en el status nini o en la precariedad laboral [1] de un año al otro en el Perú, enfocándose en los jóvenes urbanos. Los resultados muestran que la probabilidad de ser un empleado precario en el siguiente año es de 34% para aquellos jóvenes que ya se encuentran en dicho estatus. Del mismo modo, los jóvenes en precariedad laboral tienen 20% de probabilidad de convertirse en nini en el siguiente año. Caso contrario para aquellos jóvenes quienes no son empleados precarios, quienes tienen una probabilidad del 73% de mantenerse en ese estatus en el siguiente año.
Por otro lado, entre los jóvenes ninis dedicados a actividades domésticas o que no buscan empleo activamente tienen probabilidades de persistir como ninis de 33% y 49%, respectivamente. Sin embargo, los ninis que buscan un empleo activamente tienen una probabilidad mayor de transitar a un trabajo no precario al siguiente año (44%). Estos resultados evidencian que mientras para algunos jóvenes el estado nini es una etapa transitoria, la precariedad laboral en los jóvenes es un estado que tiende a perpetuarse en el tiempo. Por lo tanto, los jóvenes que ingresan al mercado laboral a través de estos empleos enfrentan menor probabilidad de transitar hacia puestos formales y mejor remunerados en el futuro.
A partir de estos hallazgos se evidencia que centrar el diagnóstico y diseño de políticas públicas en los ninis puede resultar incompleto y limitado, pues deja a un grupo de jóvenes rezagados que aun estando empleados permanecen en condiciones de vulnerabilidad y ven penalizado su futuro.
¿Qué implica esto para el diseño de políticas públicas?
Un programa nacional aplicado en el Perú que se enfoca en reducir la precariedad laboral es el Programa Nacional de Empleo Jóvenes Productivos, iniciado en 2023, el cual tiene como objetivo fortalecer y mejorar la empleabilidad de las personas de 15 años a más, en situación de pobreza, pobreza extrema y/o vulnerabilidad sociolaboral. Para ello, se realiza capacitación laboral, promoción del autoempleo productivo y certificación de las competencias laborales que responda a la demanda laboral y de manera gratuita (MTPE, 2025).
De acuerdo a OCDE (2025), este programa se caracteriza principalmente porque aplica un modelo de formación dual que combina tanto la enseñanza teórica en el aula con la práctica en entornos de trabajo reales. Gracias a convenios con más de 80 empresas formales de diferentes sectores, el equipo del programa ayuda a los beneficiarios a vincularse directamente con ellas y conseguir el ingreso al mercado formal (MTPE, 2025). Si bien el programa cuenta con un equipo que se desplaza hasta los distritos más alejados del país para buscar a jóvenes en situación de pobreza, vulnerabilidad o sin empleo, tan solo se han beneficiado 10,792 jóvenes en dos años. Incluso, de todos los beneficiarios, tan sólo 4,818 ciudadanos han logrado la inserción laboral formal (MTPE, 2025).
Ante ello, la OCDE (2025) señala que este alcance no es suficiente frente a la magnitud de la exclusión laboral juvenil en el país. Como oportunidades de mejora señalan que el programa debe priorizar la atención en zonas rurales y vulnerables, no solo en las ciudades, pues es allí donde el acceso a la formación técnica es limitado en magnitud. Asimismo, a pesar de los convenios, las empresas muestran resistencia a formalizar la relación laboral con los jóvenes bajo esquemas legales de aprendizaje. Para ello, se sugiere introducir incentivos económicos y regulatorios para que la contratación de los beneficiarios sea más atractiva. Del mismo modo, se sugiere fortalecer los convenios para que las empresas incluyan resultados de aprendizaje claros y asignen responsabilidades de mentoría específicas para que así la formación sea efectiva.
Conclusión
Este artículo cuestiona si la salida de la condición de nini se traduce efectivamente en una superación de la vulnerabilidad juvenil en el Perú. La evidencia muestra que en el Perú la inserción laboral juvenil tiende a concentrarse en empleos informales o en condiciones de subempleo. Esta alta inserción precaria no solo afecta la generación de ingresos, sino también limita la acumulación de capital humano y reduce las oportunidades de movilidad social en el largo plazo. En este contexto, las políticas públicas orientadas con el objetivo de reducir la vulnerabilidad juvenil deben centrarse tanto en la disminución de la tasa de ninis y en abordar la alta informalidad y la baja calidad de empleo que caracteriza al mercado laboral peruano. Asimismo, los programas nacionales dirigidos por parte del Gobierno para abordar la precariedad laboral aún presentan limitaciones y oportunidades de mejora en términos de alcance y efectividad, particularmente en la inserción de sus beneficiarios en empleos de calidad y formales. En conclusión, limitar el análisis a la condición de nini oculta una dimensión clave de la vulnerabilidad juvenil, la cual es la precariedad persistente asociada a la estructura propia del mercado laboral.
Referencias
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Abbott, P., & Teti, A. (2017). Unemployment and NEETs. In A Generation in Waiting for Jobs and Justice: Young People Not in Education, Employment or Training in North Africa (pp. 11–16). Arab Transformations Project. http://www.jstor.org/stable/resrep14116.5
Brockie, K. & O'Higgins, N., (2024). The youth guarantee, vulnerability, and social exclusion among NEETs in Southern Europe. Politics and Governance, 12. https://doi.org/10.17645/pag.7469
Alcázar, L., & Balarin, M. (2022). Los caminos de la exclusión: las transiciones hacia la vida adulta entre jóvenes urbanos vulnerables. 94866, 151-173. https://hdl.handle.net/20.500.12820/710
Alvarado, A., Conde, B., Novella, R., & Repetto, A. (2020). Youths not in education, employment or training in Latin America and the Caribbean: Skills, aspirations, and information. Journal of International Development, 32(8), 1273-1307. https://doi.org/10.1002/jid.3503
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https://www.inei.gob.pe/media/MenuRecursivo/publicaciones_digitales/Est/Lib1870/libro.pdf