En abril de 2025, Estados Unidos reforzó su estrategia arancelaria anunciando el Liberation Day, día en el cual se aplicó una “política de reciprocidad”, la cual impone un arancel general del 10% sobre las importaciones provenientes de la mayoría de los países de América Latina. La administración justificó esta decisión bajo dos ejes; el primero posiciona a esta política arancelaria como como una respuesta a las barreras comerciales que enfrentan sus exportaciones en otros países; señalando prácticas como aranceles altos, subsidios y obstáculos regulatorios impuestos por países como India, Brasil o Vietnam; y en segundo lugar, usar el arancel como mecanismo de recaudación ante futuros recortes impositivos (USTR, 2024; USTR, 2025; S&P Global Market Intelligence, 2025; White House, 2025).
Si bien se trata de una acción directa hacia la región, esta decisión se inscribe en una coyuntura más amplia: la intensificación de las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China; ya que la administración norteamericana también impuso aranceles significativamente más altos sobre productos estratégicos provenientes de Pekín. En este contexto, los países latinoamericanos enfrentan una doble presión arancelaria; por un lado, son afectados directamente por las nuevas tarifas impuestas a sus exportaciones; y por otro, sufren impactos indirectos derivados de su alta dependencia comercial con ambas potencias.
El conflicto comercial entre Estados Unidos y China, cuyas tensiones iniciales se remontan a 2018 [1], ha experimentado una reactivación significativa en 2025 (McLellan, Chen y Rodríguez, 2025). En esta nueva fase, el gobierno estadounidense elevó los aranceles hasta un 125% sobre productos estratégicos chinos, lo que generó una respuesta inmediata por parte de China con contramedidas dirigidas a sectores clave de la economía estadounidense. Aunque en años previos se alcanzaron acuerdos parciales entre ambas potencias, estos no lograron resolver las fricciones estructurales del conflicto [2]. De hecho, la reanudación de medidas unilaterales en 2025 ha vuelto a generar un entorno de alta volatilidad e incertidumbre comercial, con impactos globales (WTO, 2024; McLellan, Chen & Rodríguez, 2025).
En este escenario, los países con economías abiertas y estructuras exportadoras concentradas [3] enfrentan mayores riesgos. Como en el caso de Perú, cuya vulnerabilidad comercial radica en su fuerte dependencia de estos dos mercados. China es el principal comprador de minerales peruanos, mientras que Estados Unidos representa un mercado clave para productos agroindustriales y textiles. Según el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (MINCETUR, 2025), el 34 % de las exportaciones peruanas se dirige a China y el 13 % a Estados Unidos, lo que implica que cerca de la mitad (47 %) del comercio exterior nacional está expuesto a la evolución de las relaciones bilaterales.
Por tanto, el presente artículo tiene como objetivo analizar los efectos de la coyuntura comercial internacional sobre la economía peruana, en un contexto marcado por tensiones entre las principales economías del mundo y un renovado proteccionismo. Por ello, el texto se estructura de la siguiente manera: en primer lugar, se examina la vulnerabilidad estructural del comercio exterior peruano, determinada por su alta dependencia de los mercados estadounidense y chino. En segundo lugar, se analiza la evolución reciente de los precios de los principales commodities exportados por el país, con el fin de evaluar los posibles beneficios o perjuicios derivados del nuevo entorno comercial. Finalmente, se exploran las repercusiones del conflicto sobre los mercados financieros, considerando sus efectos en variables como el riesgo país, la inversión extranjera y la estabilidad cambiaria.
El Comercio Exterior Peruano
Desde el marco teórico clásico del comercio internacional, se espera que los países obtengan beneficios al especializarse en bienes donde tienen ventaja comparativa, bajo condiciones de libre intercambio (Krugman, Obstfeld y Melitz, 2023). No obstante, cuando se introducen barreras como los aranceles, estas ganancias se reducen o incluso se revierten. En economías pequeñas como la peruana, que no tienen capacidad para influir sobre los precios internacionales, el costo del arancel recae íntegramente sobre los consumidores y productores locales, ya sea por encarecimiento de importaciones o pérdida de oportunidades de exportación (Vega, 2023).
Además, diversos organismos internacionales advierten que la concentración geográfica de las exportaciones aumenta la vulnerabilidad frente a disrupciones externas. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL, 2023), una estructura exportadora poco diversificada limita la capacidad de los países para absorber choques exógenos y adaptarse a cambios en la demanda global. En el caso peruano, esta dependencia refuerza el carácter procíclico [5] de la economía y expone al país a decisiones unilaterales ajenas a su control. Asimismo, la incertidumbre generada por medidas proteccionistas puede extender sus efectos más allá del comercio, afectando decisiones de inversión y generando presiones sobre variables financieras como el tipo de cambio o el riesgo país, aspectos que serán abordados en secciones posteriores (OECD, 2022).
¿Cómo han evolucionado los precios de los commodities?
La evolución de los precios internacionales de los commodities exportados por el Perú, como el cobre, y el oro, ha estado marcada por importantes cambios durante la última década. Hasta el 2019, los precios se mantuvieron relativamente estables, reflejando condiciones de mercado más predecibles. Sin embargo, a partir de la pandemia y, más recientemente, como consecuencia del resurgimiento de tensiones comerciales globales, estos precios han experimentado variaciones.
En primer lugar, como se observa en el gráfico 1, el precio internacional del cobre mostró una marcada tendencia al alza desde 2020, impulsado por factores estructurales de oferta y demanda. De acuerdo con datos del BCRP (2025), la cotización pasó de 229 US$/lb en abril de 2020 a un máximo de 464 US$/lb en marzo de 2022. Este incremento respondió a la recuperación económica global posterior a la pandemia, a la creciente demanda de cobre para la transición energética y la industria de vehículos eléctricos (CME Group, 2022; Comisión Chilena del Cobre, 2024).
Durante el segundo semestre de 2022, el precio experimentó una corrección hasta 341 US$/lb en julio, asociada a la desaceleración del crecimiento industrial chino y al endurecimiento de la política monetaria estadounidense, que redujeron la demanda mundial de metales (INEI, 2022). Posteriormente, entre 2023 y 2025, se observó una recuperación gradual, impulsada por la revalorización del cobre como activo estratégico en la transición energética, la caída del dólar y la baja oferta internacional. En junio de 2025, el metal alcanzó nuevos máximos cercanos a 478 US$/lb, explicados por la escasez de concentrados y la depreciación de la divisa estadounidense (Comisión Chilena del Cobre, 2025; Portal Minero, 2025).
Este comportamiento confirma el carácter cíclico del mercado cuprífero: periodos de expansión impulsados por la innovación tecnológica, como el auge de la demanda para energías limpias, seguidos de fases de ajuste asociadas a la desaceleración del crecimiento económico mundial y a condiciones financieras más restrictivas, como las observadas en 2022.
Gráfico 1: Evolución del Precio del Cobre
(US$ por libras)
Fuente: BCRP (2025). Elaboración Propia.
En segundo lugar, en el caso del oro se observó una tendencia ascendente a lo largo del periodo del 2019 a 2025. Entre 2019 y agosto de 2020, su cotización pasó de 1 290 a 1 968 US$/oz troy, impulsada por su papel como activo refugio durante la pandemia y el entorno de tasas de interés históricamente bajas (GoldMarket, 2020; EconoFact, 2025). Durante 2021 y gran parte de 2022, el precio se mantuvo estable entre 1 700 y 1 900 US$/oz, en un contexto de normalización económica y ajuste de expectativas tras el pico sanitario, aunque repuntó brevemente en marzo de 2022 a 1 948 US$/oz por las tensiones geopolíticas iniciales en Europa (GoldMarket, 2021). Desde 2023 comenzó un nuevo ciclo alcista, superando los 2 000 US$/oz en abril de 2023 y alcanzando 3 668 US$/oz en septiembre de 2025, según el BCRP (2025). Este incremento fue respaldado por la mayor demanda de inversión y compras de bancos centrales, junto con la debilidad del dólar y la persistente incertidumbre comercial y financiera internacional (Forbes España, 2025; Infobae, 2025).
Para el Perú, este comportamiento ha favorecido las exportaciones auríferas, al mismo tiempo que resalta la dependencia del país respecto de los ciclos internacionales de este mineral.
Gráfico 2: Evolución del Precio del Oro
(US$ por onzas troy)
Fuente: BCRP (2025). Elaboración Propia.
Repercusiones sobre los mercados financieros
Además del impacto directo en el comercio exterior, la actual coyuntura internacional ha tenido efectos significativos sobre variables financieras clave para países emergentes como el Perú; tales como la inversión extranjera directa (IED), el riesgo país, índice bursátil y las tasas de interés. La incertidumbre provocada por el resurgimiento de barreras arancelarias, sumada a la creciente rivalidad geoeconómica entre las principales potencias, ha repercutido en los flujos de capital, las expectativas del mercado y la percepción de riesgo.
En primer lugar, se ha observado un deterioro en la confianza de los inversionistas internacionales. Tal como señala la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE, 2022), los episodios de escalada comercial tienden a debilitar el clima de inversión en economías dependientes del comercio exterior, debido al aumento en la percepción de riesgo sistémico [6]. En el caso peruano, esta incertidumbre puede generar redireccionamientos en las decisiones de IED, especialmente en sectores orientados a la exportación, como la minería, la agroindustria o la manufactura ligera (OCDE, 2025).
Según ProInversión (2025), los principales países inversores en el Perú son España, Reino Unido, Chile y Estados Unidos, mientras que los sectores más atractivos para la IED han sido la minería (33 %), comunicaciones (17 %) y servicios financieros (15 %). Esto refleja una concentración en rubros expuestos a las fluctuaciones de la economía internacional. En cuanto a su evolución reciente, la IED en el Perú alcanzó un máximo histórico en 2024, con un crecimiento de 57 % respecto al año previo, impulsado principalmente por proyectos mineros y de energía (El Peruano, 2025; Forbes Perú, 2025). Sin embargo, durante 2025 los flujos muestran señales de moderación: entre enero y mayo se registraron US$ 1 845 millones en el sector minero, apenas un 4,7 % más que en el mismo periodo de 2024, lo que refleja una desaceleración frente al fuerte dinamismo del año anterior (COMEXPerú, 2025). Esta menor expansión responde al mayor clima de incertidumbre internacional que han reducido las expectativas de inversión en toda la región (Infobae, 2025).
Por otro lado, la evolución de la IED está vinculada a la cuenta financiera de la balanza de pagos, al contribuir al incremento de la liquidez en moneda extranjera del sistema bancario y permitir la acumulación de reservas internacionales (IMF, 2008; ECB, 2014). Así, la IED actúa no solo como indicador de atracción de capital, sino también como indicador de la confianza externa y de la posición financiera del país. De acuerdo con el BCRP, en el segundo trimestre de 2025 la cuenta financiera registró una entrada neta de capitales de 4,130 millones de dólares, revirtiendo la salida de 2,084 millones de dólares observada en el mismo periodo de 2024. Este desempeño se explicó principalmente por un mayor endeudamiento del sector público y un menor ritmo de adquisición de activos externos por parte del sector privado (BCRP, 2025). En términos de IED, los desembolsos se concentraron en minería y servicios, aunque con elevada volatilidad intertrimestral. Para los próximos trimestres, el Reporte de Estabilidad Financiera del BCRP (2025) proyecta un ingreso de capitales más moderado, condicionado a la evolución de la coyuntura global y de los precios de exportación.
En segundo lugar, el mercado de capitales peruano ha mostrado un desempeño favorable el presente año, aunque con episodios de volatilidad. Según el Reporte de Estabilidad Financiera del BCRP (mayo 2025), el índice de la Bolsa de Valores de Lima acumuló una ganancia de 7,5 % entre enero y abril, a pesar de una caída temporal de –3% ante los anuncios de medidas arancelarias de Estados Unidos. Este comportamiento coincide con un entorno de mejora en los precios de los metales y de expectativas más favorables respecto a la política monetaria internacional, factores que habrían contribuido a sostener la demanda por activos financieros locales.
Paralelamente, el mercado cambiario registró una apreciación sostenida del sol frente al dólar, con cotizaciones que descendieron de S/ 3,90 en enero a alrededor de S/ 3,33 en octubre, su nivel más bajo en casi cinco años (Bloomberg Línea, 2025). Esta evolución responde al superávit comercial derivado del alza de los metales, la alta liquidez en moneda extranjera del sistema financiero y las expectativas de menores tasas de interés en Estados Unidos (BCRP, 2025; Red de Estudios para el Desarrollo, 2025). Ambos comportamientos , la subida del índice bursátil y la apreciación del sol, están relacionados, pues reflejan el ingreso sostenido de capitales, aunque aún sujetos a la volatilidad global.
En tercer lugar, la intensificación de los riesgos externos han repercutido en el riesgo país. De acuerdo con el BCRP (2025), el EMBIG Perú ya mostraba un incremento en el primer trimestre del año, antes del inicio formal de la guerra comercial en abril, lo que refleja la influencia de factores previos como la incertidumbre política y el endurecimiento de la política monetaria internacional. A ello se suma que, según la CEPAL (2025), la región arrastra una vulnerabilidad externa estructural vinculada a su dependencia de capitales externos y la volatilidad de materias primas. Tras la imposición de los aranceles, la prima de riesgo se mantuvo elevada en línea con otros países latinoamericanos.
En conjunto, los impactos financieros de la coyuntura actual refuerzan la necesidad de construir resiliencia macroeconómica y fortalecer los fundamentos estructurales de la economía. Tal como advierte la OCDE (2022), el vínculo entre shocks comerciales y estrés financiero se ha intensificado en los últimos años, por lo que la estabilidad financiera debe ser abordada como parte integral de la estrategia de inserción internacional de los países emergentes.
Conclusión
La coyuntura internacional actual, marcada por una nueva etapa de tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, ha puesto en evidencia la fragilidad de estructuras exportadoras concentradas como la del Perú. Si bien los altos precios de commodities como el cobre y el oro han generado un alivio temporal en los ingresos externos, esta bonanza no oculta los riesgos que implica depender de un número reducido de productos, mayoritariamente mineros y de dos mercados principales: China y Estados Unidos. Esta dependencia limita el margen de maniobra económico frente a shocks globales y refuerza el carácter procíclico del crecimiento.
Además, los impactos se han extendido al ámbito financiero, donde la evolución de la inversión extranjera directa, las oscilaciones en el mercado bursátil y cambiario, y el aumento del riesgo país muestran cómo los choques globales se transmiten al sistema financiero a través de expectativas y flujos de capital. Bajo este contexto, episodios de volatilidad internacional pueden alterar la disponibilidad de liquidez y la valoración de activos locales, generando de igual manera efectos sobre la estabilidad macroeconómica.
En este contexto, avanzar hacia una estrategia de diversificación productiva y comercial resulta relevante, pero debe complementarse con el fortalecimiento de la resiliencia financiera. Impulsar el valor agregado en las exportaciones y, al mismo tiempo, consolidar fundamentos macroeconómicos que reduzcan la exposición al capital externo y a la volatilidad global, permitirá al Perú transitar hacia un modelo de inserción internacional más estable y sostenible.
[1] En 2018, Estados Unidos inició la guerra comercial imponiendo aranceles a productos chinos por presuntas prácticas desleales, lo que dio lugar a una serie de represalias y escaladas mutuas.
[2] Las fricciones estructurales se refiere a diferencias profundas en sus modelos comerciales, como los subsidios industriales otorgados por el Estado chino, las restricciones a la inversión extranjera y las disputas sobre propiedad intelectual y control tecnológico
[3] Su exposición a choques externos es mayor, ya que dependen de pocos productos y mercados, lo que limita su capacidad de adaptación ante crisis globales.
[4] En primer lugar, el arancel de 10% sobre los productos que no forman parte del TLC; y en segundo lugar el arancel impuesto a China
[5] Comportamiento que sigue los ciclos económicos: crece en expansiones y cae en recesiones.
[6] Riesgo sistémico: posibilidad de que perturbaciones afecten el sistema económico o financiero en su totalidad, provocando efectos en cadena más allá del sector inicial.
Referencias:
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