La innovación es un motor clave del desarrollo económico y social, ya que incrementa la productividad y sostiene el crecimiento a largo plazo. Renombrados economistas como Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt [1] han destacado que el futuro del crecimiento depende de la innovación (Mises Institute, 2025). No es casualidad que las economías que invierten más del 2% de su PBI en investigación y desarrollo (I+D) lideran el crecimiento sostenido y el impacto global, según la UNESCO (ComexPerú, 2025). En el caso de Perú, sin embargo, el panorama innovador es preocupante. El país se ubicó en el puesto 80 de 139 economías en el Índice Global de Innovación 2025 (GII 2025) (ComexPerú, 2025), quedando rezagado frente a varias economías de América Latina (por detrás de Chile, Brasil, México, etc., y solo por encima de Bolivia y Paraguay). Estos indicadores reflejan que al Perú le está costando integrar la innovación en su modelo de crecimiento, lo cual merma su competitividad en el largo plazo. En este contexto, el presente artículo examina las principales brechas estructurales, sus implicancias para el crecimiento económico y medidas para superar el rezago.
Gráfico 1: Gasto en investigación y desarrollo (% del PIB)
Fuente: Banco Mundial (2024). Elaboración Propia.
Varios indicadores evidencian el retraso de Perú en materia de innovación. Para empezar, la inversión en I+D es extremadamente baja: apenas 0,12% del PBI, una de las cifras más bajas comparada a países de la región y de la OCDE (Banco Mundial, 2024). Incluso, la contribución del sector empresarial es mínima (solo ~0,04% del PBI proviene de empresas), muy por debajo de países vecinos como Argentina (0,2%) o Chile (0,1%) (ComexPerú, 2024). Asimismo, según Concytec, el Perú cuenta con apenas 319 investigadores por cada millón de habitantes, una cifra muy por debajo de países como Brasil (1000 por millón) o Corea del Sur (más de 9,000) (Gestión, 2025). Consecuentemente, la producción de conocimiento patentable en el Perú es reducida. Por ejemplo, durante 2023 se solicitaron solo 805 patentes de invención y modelos de utilidad por residentes en Perú, una cantidad ínfima para un país de más de 30 millones de habitantes (aunque hubo un incremento desde 601 solicitudes en 2022) (ComexPerú, 2024). Al comparar esta cifra con el tamaño de la economía, el rezago resulta evidente: el Perú ocupa el puesto 84 a nivel mundial, con apenas 0,33 patentes por cada mil millones de dólares de PBI, por debajo de países de la región como Chile (0,61) y Brasil (1,12), y muy lejos del desempeño de las economías de la OCDE, donde este indicador se sitúa en torno a 2 patentes o más por cada mil millones de dólares de PBI (World Intellectual Property Organization [WIPO], 2024).
Otro factor crítico es la debilidad del sistema educativo en áreas científicas. En la más reciente prueba PISA (2022), alrededor del 66% de los estudiantes peruanos de 15 años no alcanzó el nivel básico en matemáticas (el doble que el promedio de la OCDE, ~31%) (Nodal, 2023). Resultados similares se observaron en lectura y ciencias, evidenciando debilidades en las competencias fundamentales de los estudiantes, que constituyen la base para la formación de capital humano en el futuro. Estas brechas son relevantes para la innovación, ya que limitan la disponibilidad de trabajadores con habilidades cognitivas avanzadas, necesarias para desarrollar investigación, adoptar nuevas tecnologías y generar conocimiento patentable. En línea con ello, la evidencia internacional muestra que los países con mejores desempeños en matemáticas y ciencias tienden a registrar mayores niveles de crecimiento, productividad e innovación, al contar con una base sólida de capital humano calificado (Hanushek & Woessmann, 2015).
Asimismo, persiste una marcada brecha digital entre zonas urbanas y rurales: al 2024, solo 21,7% de los hogares rurales del Perú tenía acceso a internet fijo (ComexPerú, 2025b), frente a 58,4% a nivel nacional. Si bien la mayoría de hogares rurales accede a internet móvil (alrededor del 80%) (ComexPerú, 2025b), la calidad y velocidad de conexión en esas áreas suele ser limitada, dificultando el aprovechamiento de herramientas digitales avanzadas. Esta brecha no solo afecta el acceso a información, sino que también dificulta la adopción de nuevas tecnologías por parte de trabajadores y empresas, especialmente en actividades agropecuarias y de servicios rurales. En consecuencia, la limitada conectividad y formación digital en amplios segmentos de la población reduce la difusión territorial de la innovación, concentrando los beneficios del progreso tecnológico en el área urbana y ampliando las brechas regionales de productividad.
¿Por qué innovamos tan poco?
Diversos factores estructurales explican el bajo nivel de innovación en Perú. Uno de ellos es la escasa vinculación entre la universidad, la empresa y el Estado. Históricamente ha faltado una articulación efectiva del “triple hélice” de innovación: la academia produce conocimiento, pero este raramente encuentra cauce comercial en el sector privado, y las políticas públicas no logran alinear ambos esfuerzos. Según la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI/WIPO) (2025), es necesaria una acción mucho más coordinada entre el Estado, el sector privado y las universidades para articular el ecosistema nacional de innovación. La ausencia de esta sinergia se traduce en baja transferencia tecnológica, poca investigación aplicada y escasa adopción de innovaciones en las industrias locales.
Otro obstáculo importante es la alta informalidad económica. Alrededor del 70% de la población empleada en el Perú trabaja en la informalidad (INEI-EPEN, 2025), porcentaje que llega a niveles alarmantes en zonas rurales (más del 90% de informalidad laboral). Esto implica que la mayoría de las unidades productivas son micro o pequeñas empresas con baja productividad y recursos limitados, que operan al margen de regulaciones y sin capacidad de invertir en innovación. De hecho, la productividad laboral en el sector informal puede ser apenas una sexta parte de la del sector formal (IPE, 2025). Esta estructura productiva, dominada por empresas de subsistencia, reduce la demanda de innovación por parte de las firmas y limita su capacidad para generar y adoptar nuevas tecnologías, al carecer de acceso a financiamiento, capital humano calificado y economías de escala. Al mismo tiempo, la informalidad conlleva evasión y menor base tributaria, restringiendo los fondos públicos disponibles para ciencia y tecnología. En 2024, la presión tributaria del Gobierno Central fue de apenas 14,1% del PBI (Ministerio de Economía y Finanzas, 2025), reflejando una limitada capacidad recaudatoria y un margen fiscal acotado para financiar políticas públicas estratégicas, como la inversión en investigación, desarrollo e innovación. Esta debilidad estructural del sistema tributario reduce el espacio para sostener incrementos significativos en el gasto en CTI en el mediano plazo.
A lo anterior se suma la marcada inestabilidad política de los últimos años. El Perú ha tenido seis presidentes en cinco años recientes (Civicus Monitor, 2024), acompañados de cambios frecuentes de ministros y altas autoridades. Esta volatilidad gubernamental propicia una visión de corto plazo en las políticas públicas: los programas de ciencia, tecnología e innovación (CTI) suelen ser interrumpidos o replanteados antes de madurar. Un ejemplo de ello es la transición de FONDECYT a PROCIENCIA en 2021, que supuso una reorganización institucional y ajustes en los instrumentos de financiamiento de la investigación antes de consolidar los programas previos (CONCYTEC, 2021). En este contexto, resulta difícil sostener iniciativas de largo plazo, como la formación de investigadores o el desarrollo de centros de I+D. Además, la incertidumbre institucional desalienta la inversión privada en proyectos innovadores, al elevar la percepción de riesgo y debilitar la previsibilidad de las reglas de juego. En conjunto, la informalidad, la débil articulación institucional y la inestabilidad política configuran un entorno poco propicio para la innovación.
Qué hacer
Superar el rezago innovador peruano requerirá esfuerzos sostenidos en varios frentes. En primer lugar, es imperativo aumentar gradualmente la inversión en I+D comprometiendo mayores recursos tanto del sector público como del privado para investigación, desarrollo tecnológico y emprendimiento innovador. Una meta plausible sería elevar la inversión nacional en I+D hacia 1% del PBI en el mediano plazo, como paso inicial, camino al estándar internacional del 2%, a través de una mayor asignación de fondos a universidades y centros de investigación, pero también fomentar que las empresas inviertan más. Para lograr lo último, se deben fortalecer los incentivos a la innovación empresarial. El Perú ya cuenta con medidas como deducciones tributarias de hasta 140% para gastos en proyectos de I+D+i (ComexPerú, 2024); sin embargo, es necesario difundir y simplificar estos instrumentos para que más empresas, especialmente medianas y pequeñas, puedan aprovecharlos. Organismos como la UNESCO subrayan que crear incentivos adecuados es fundamental para detonar la inversión privada en innovación (ComexPerú, 2024). Adicionalmente, se pueden ampliar programas de cofinanciamiento (como los de ProInnóvate y Prociencia) que apoyen a startups y pymes innovadoras, facilitando capital semilla, mentoría y vinculación con el mercado.
En paralelo, se debe fortalecer la educación STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) y las habilidades digitales en todos los niveles. Esto implica mejorar la calidad de la educación básica – para que futuros técnicos e investigadores tengan sólidas bases en matemáticas y ciencias, reduciendo la brecha evidenciada en PISA – y promover la formación de más profesionales en carreras científico-tecnológicas. Las universidades necesitan mayores incentivos para carreras de ingeniería, biotecnología, TIC, etc., alineadas con las necesidades productivas del país. También es clave desarrollar el talento digital a lo largo del territorio: invertir en capacitación en competencias digitales, robótica, y programación, incluso en zonas alejadas. Vinculado a ello, cerrar la brecha digital regional es prioritario. Es necesario extender la infraestructura de conectividad (internet de banda ancha, fibra óptica) hacia las regiones rurales y amazónicas mediante asociaciones público-privadas e inversiones focalizadas (ComexPerú, 2025b). Por ejemplo, el Ministerio de Transportes y Comunicaciones recomienda expandir proyectos como Internet para Todos y redes de fibra regional, ajustando incentivos para que las operadoras cubran áreas rurales (ComexPerú, 2025b). Con mejor acceso a internet de calidad, más peruanos podrán participar en la economía digital, acceder a educación en línea y generar innovación desde cualquier lugar del país.
Otro eje de acción es articular el ecosistema de innovación nacional. Se debe fomentar la colaboración efectiva entre universidades, centros de investigación, empresas y Estado. Esto puede lograrse creando espacios de encuentro (clusters, parques tecnológicos, incubadoras) donde confluyan investigadores y emprendedores, compartiendo conocimiento y desarrollando proyectos conjuntos. El Estado puede actuar como facilitador a través de políticas claras (la reciente Política Nacional de CTI define lineamientos en esa dirección) y financiamiento de programas de vinculación academia-industria. Asimismo, resulta vital apoyar la adopción tecnológica en las pymes. Iniciativas de difusión tecnológica, extensionismo productivo [2] y transferencia de conocimientos hacia las pequeñas empresas ayudarían a que la innovación no quede concentrada solo en grandes compañías o en el sector público (ComexPerú, 2025). Extender las mejoras tecnológicas y buenas prácticas a la base de la pirámide empresarial aumentaría la productividad agregada y crearía demanda por innovación a mayor escala.
Finalmente, la estabilidad institucional y la continuidad de las políticas deben ser parte de la receta. Es crucial mantener, independientemente del gobierno de turno, un compromiso país con la ciencia, tecnología e innovación. Esto podría plasmarse en acuerdos nacionales de largo plazo o marcos legales que blinden ciertos programas estratégicos (por ejemplo, un fondo soberano para I+D, o una ley de Estado que garantice un financiamiento mínimo anual a Concytec y las universidades para investigación). Solo con visión de futuro, alejándose de los vaivenes políticos de corto plazo, el Perú podrá construir las bases de un ecosistema innovador robusto.
Conclusiones
El Perú enfrenta un serio desafío para ponerse al día en innovación, factor indispensable para su desarrollo económico sostenido. Los indicadores de I+D, patentes y educación muestran un rezago significativo que responde a problemas estructurales de larga data. No obstante, reconocer estas brechas es el primer paso para resolverlas. Como señala la Sociedad de Comercio Exterior del Perú (ComexPerú), “el principal reto es cerrar la brecha entre capacidades y resultados de innovación”, lo cual exigirá una estrategia integral y concertada. Aumentar la inversión en ciencia, mejorar la calidad educativa, integrar esfuerzos público-privados y asegurar estabilidad en las políticas de innovación son acciones ineludibles. Si el Estado, las empresas, la academia y la sociedad civil trabajan de la mano, articulando un verdadero ecosistema innovador, el Perú podrá gradualmente transformar su realidad. Innovar más no es un lujo sino una necesidad: de ello depende elevar la productividad, diversificar la economía y generar bienestar para las futuras generaciones. El camino por recorrer es largo, pero con decisiones firmes y consistentes, el Perú sí puede lograr que la innovación se convierta en el nuevo pilar de su crecimiento.
[1] Extensionismo productivo, entendido como el conjunto de servicios de asistencia técnica, capacitación y acompañamiento directo a las empresas, orientados a facilitar la adopción de nuevas tecnologías, la mejora de procesos productivos y la difusión de buenas prácticas, especialmente en pequeñas y medianas empresas (OECD, 2019)
[2] Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt fueron galardonados con el Premio Nobel de Ciencias Económicas 2025 por sus aportes teóricos y empíricos al entendimiento de cómo la innovación y el conocimiento conducen al crecimiento económico, especialmente a través de modelos de crecimiento endógeno que explican la generación y difusión de tecnología e ideas (Royal Swedish Academy of Sciences, 2025).
Referencias:
Banco Mundial. (2016). Peru – Building on Success: Boosting Productivity for Faster Growth. https://documentos.bancomundial.org/es/publication/documents-reports/documentdetail/600921467995400041/peru-building-on-success-boosting-productivity-for-faster-growth
Banco Mundial (2024). Gasto en investigación y desarrollo (% del PIB). https://datos.bancomundial.org/indicador/GB.XPD.RSDV.GD.ZS
CIVICUS Monitor. (2024). Perú: inestabilidad política y social. https://monitor.civicus.org/press_release/2024/peru/
ComexPerú. (2025). Perú cae cinco puestos en Índice Global de Innovación 2025. https://www.comexperu.org.pe/articulo/peru-cae-cinco-puestos-en-indice-global-de-innovacion-2025
ComexPerú. (2025b). Cierre de brechas digitales para potenciar la productividad peruana. https://www.comexperu.org.pe/articulo/cierre-de-brechas-digitales-para-potenciar-la-productividad-peruana