Históricamente, el sistema financiero peruano se ha caracterizado por una profunda dependencia del efectivo y bajos niveles de bancarización SBS (2019). Para el año 2017, se estimaba que solo el 29% de la población adulta contaba con algún producto financiero, una cifra significativamente menor al promedio regional, el cual es 54% (García y Andia, 2022). Esta exclusión no solo respondía a factores geográficos, sino también a barreras de oferta, como los elevados costos de mantenimiento de cuentas y la escasa presencia de oficinas bancarias en zonas rurales (Tuesta, 2020).
Sin embargo, la última década ha marcado un punto de quiebre. La inclusión financiera, definida como el acceso y uso efectivo de servicios financieros para mejorar el bienestar (Banco Mundial, s.f.), encontró en la digitalización un catalizador. Este cambio estructural permitió transitar de un modelo basado en infraestructura física, es decir, agencias y cajeros; hacia uno de canales digitales de bajo costo, facilitando que el sistema financiero se expanda.
En este proceso, la pandemia del COVID-19 actuó como un acelerador forzoso. La crisis sanitaria rompió la inercia del uso de dinero físico debido a las estrictas restricciones de movilidad y la necesidad de contar con canales de pago seguros y sin contacto (Humala y Ramos, 2023). Este fenómeno forzó a millones de usuarios y micro-comercios a adoptar soluciones digitales. Como resultado, Perú presenta una evolución continua tanto en el acceso como al uso de los pagos digitales; como se muestra en el gráfico, en el nivel pre pandemia, se muestra que en 2017 el 43% de la población mayor a 15 años contaba con una cuenta digital; este porcentaje se incrementó significativamente en 14 puntos porcentuales para el 2021; y continuó su crecimiento en 2% para 2024. En cuanto al uso, también, hubo un incremento notable desde 2017 con 34% a 2021 con 49%. Esta evolución se refleja en la alta adopción de billeteras digitales, ya que un 75% de la población prefiere estas herramientas como su método de pago principal, según el informe global Inside the Wallet 2025 (Delgado Tong, 2025).
Gráfico 1: Acceso y Uso de Pagos Digitales (Porcentaje de la población mayor a 15 años)
Fuente: Global Findex (2025).
El crecimiento ha sido exponencial: los pagos digitales per cápita, principalmente transferencias y pagos de bajo valor en comercios, en el país pasaron de 29 en 2018 a 99 al cierre de 2022. Esta transformación, impulsada por la interoperabilidad del sistema [1] y el despliegue de subsidios estatales, refleja un cambio estructural en el comportamiento del consumidor peruano (Andía, Paliza y Aurazo, 2025).
El presente artículo tiene como objetivo analizar cómo las billeteras digitales han redefinido la inclusión financiera en el Perú, convirtiéndose en la principal puerta de entrada al sistema formal.
Marco Conceptual
La inclusión financiera se define como la condición en la que personas y empresas tienen acceso, y hacen uso efectivo de productos y servicios financieros formales, como el ahorro, crédito, seguros y medios de pago (Banco Mundial, s.f.). Vega y Aurazo (2017) explican que es necesario el uso efectivo debido a que la inclusión no solo refiere a la apertura de una cuenta bancaria, sino que los usuarios la usen de manera activa; de esta manera los ciudadanos se integran en un ecosistema que les permite gestionar mejor sus recursos, afrontar riesgos y aprovechar oportunidades de inversión .
Por otro lado, desde una perspectiva de desarrollo, la inclusión financiera es reconocida como un catalizador para alcanzar diversos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) [1], tales como la reducción de la pobreza, la equidad de género y el fomento del emprendimiento. Al facilitar transacciones seguras y eficientes, el sistema financiero formal contribuye a la estabilidad económica de los hogares y a la productividad de las micro y pequeñas empresas. No obstante, pese al dinámico crecimiento en la adopción de estas herramientas, persiste el desafío de transformar este uso puramente transaccional en una profundización financiera real. Esto implica que las billeteras digitales no solo sirvan para transferencias inmediatas, sino que funcionen como una puerta de entrada efectiva hacia productos de mayor complejidad, como el ahorro formal y el acceso al crédito (Andía et al., 2025).
La literatura académica adoptó un enfoque multidimensional que descompone la inclusión en tres pilares (Tuesta, 2020); en primer lugar, se encuentra el acceso, el cual se refiere a la disponibilidad de infraestructura y puntos de contacto financiero. En segundo lugar, el uso, el cual mide la frecuencia y la intensidad con la que los usuarios emplean los servicios financieros contratados; por último, la calidad, que evalúa la asequibilidad, la facilidad de manejo de los productos y la confianza del usuario en el sistema.
Bajo este marco multidimensional, las billeteras digitales han emergido como una herramienta con la capacidad de mitigar las barreras estructurales que han limitado cada una de estas dimensiones en el contexto peruano. Sin embargo, este impacto se manifiesta de manera heterogénea en el territorio nacional, presentando brechas significativas de adopción y uso efectivo según el nivel socioeconómico y la ubicación geográfica de los usuarios.
Impacto de las Billeteras Digitales
El despliegue de las billeteras digitales en el Perú ha generado efectos tangibles que trascienden la simple digitalización de los pagos. Este impacto se manifiesta principalmente en tres áreas: la eficiencia mediante la interoperabilidad, la resiliencia económica de los hogares y la creación de un historial transaccional que facilita el acceso al crédito.
Interoperabilidad y Eficiencia del Sistema de Pagos
Uno de los factores determinantes en la dinamización de la economía digital ha sido la implementación del Reglamento de Interoperabilidad por parte del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP). De acuerdo con Andía, Paliza y Aurazo (2025), este marco normativo permitió la comunicación entre ecosistemas previamente cerrados (como Yape y Plin), eliminando fricciones en el mercado. A inicios de 2024, esto se tradujo en un volumen superior a las 105 millones de operaciones mensuales, permitiendo que el pequeño comercio y los servicios de transporte adopten el QR como un estándar de pago, reduciendo los costos operativos asociados al manejo de efectivo.
Resiliencia de los Hogares
El acceso a medios de pago digitales ha demostrado ser una herramienta para la estabilidad financiera de las familias ante eventos adversos. Saavedra (2025) indica que el uso de billeteras digitales mejora la resiliencia económica de los hogares frente a crisis externas, como desastres climatológicos o choques económicos. Los datos revelan que, ante una crisis, un hogar sin acceso a herramientas digitales puede sufrir una pérdida real de ingresos de hasta el 18%; sin embargo, aquellos integrados al sistema de pagos digitales logran mitigar este impacto, reduciendo la pérdida a solo un 6%. Esta diferencia se explica por la capacidad de recibir transferencias inmediatas, mantener la continuidad de las actividades comerciales y acceder a redes de apoyo financiero sin barreras geográficas.
Billeteras digitales y profundización financiera
Las billeteras digitales actúan como la principal puerta de entrada a la bancarización de segundo nivel. Al digitalizar transacciones que antes eran invisibles para el sistema, se genera una huella de datos que las instituciones financieras utilizan para evaluar el comportamiento de pago de sectores tradicionalmente excluidos. Según el BCRP (Andía et al., 2025) y el BBVA (2025), los usuarios frecuentes de billeteras digitales en los niveles socioeconómicos C, D y E tienen el doble de probabilidad de acceder a su primera tarjeta de crédito o a microcréditos formales. De este modo, la billetera digital deja de ser solo un medio de pago para convertirse en una herramienta de inclusión crediticia, permitiendo a los ciudadanos transitar hacia productos de financiamiento con mejores tasas que el mercado informal.
Desafíos pendientes
A pesar del avance en la adopción de billeteras digitales, la plena inclusión financiera en el Perú enfrenta desafíos estructurales que limitan su impacto en los sectores más vulnerables y en las zonas geográficamente aisladas.
En primer lugar, uno de los principales obstáculos es la arraigada cultura del efectivo en las transacciones. Según Delgado Tong (2025), si bien la tenencia de billeteras ha crecido, el efectivo aún predomina en aproximadamente el 90% de las transacciones cotidianas. Esta aparente paradoja se explica porque, si bien la población ha adoptado masivamente la herramienta, 75% de preferencia, su uso se concentra en transferencias de bajo valor, mientras que el efectivo sigue siendo el medio de pago exclusivo en el vasto sector informal y para micro-transacciones de subsistencia. Este fenómeno se ve agravado por la brecha de infraestructura digital; mientras que en áreas urbanas la penetración de artefactos tecnológicos es alta, en las zonas rurales solo el 4% de la población utiliza internet para realizar operaciones bancarias, frente a un 23% en el entorno urbano (INEI, 2023). La falta de conectividad y de alfabetización digital en estas regiones impide que los beneficios de la interoperabilidad lleguen de manera equitativa a todo el territorio nacional.
En segundo lugar, se presentan los factores de seguridad y confianza; la sostenibilidad del ecosistema digital depende de la confianza del usuario. Factores como el riesgo de fraude electrónico y la percepción de inseguridad en las plataformas digitales actúan como barreras que limitan el saldo promedio que los usuarios mantienen en sus billeteras. Como señala Tuesta (2020), la dimensión de calidad de la inclusión financiera exige no solo que el producto sea gratuito, sino que sea percibido como seguro y confiable. En ese sentido, la expansión tecnológica debe ir acompañada de programas de educación financiera que capaciten al ciudadano no solo en el uso de la herramienta, sino en la gestión segura de su identidad digital y sus recursos.
Estos desafíos evidencian que la expansión tecnológica, por sí sola, no garantiza inclusión financiera plena. Por ello, la política pública debe transitar de un enfoque centrado en el acceso hacia uno de 'profundización financiera'. Esto requiere que el Estado no solo actúe como regulador de la interoperabilidad, sino como promotor activo de la alfabetización digital y la seguridad cibernética, garantizando que la infraestructura digital llegue a las zonas rurales para convertir la adopción transaccional en una verdadera integración económica.
Conclusión
En síntesis, la masificación de las billeteras digitales ha transformado el paradigma de la inclusión en el Perú, desplazando la barrera de la infraestructura física por un modelo de proximidad digital y bajo costo. Más allá del incremento en la densidad transaccional, estas herramientas han sentado las bases para una profundización financiera real. En términos de política pública, el país ha implementado hitos como la Estrategia Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) y el Reglamento de Interoperabilidad del BCRP, cuyos resultados se reflejan en una convergencia histórica entre el acceso y el uso efectivo de los servicios financieros, logrando que la actividad digital de los usuarios alcance niveles similares a los de la tenencia de cuentas (BCRP, 2025). Sin embargo, para que este avance no sea meramente superficial, la política pública debe evolucionar. No basta con garantizar la interoperabilidad técnica; el Estado debe liderar una estrategia que integre la alfabetización digital y la seguridad jurídica como pilares para reducir la dependencia estructural del efectivo, especialmente en zonas rurales donde la brecha de conectividad aún actúa como un desafío pendiente.
En consecuencia, el reto de la inclusión financiera en el Perú no radica únicamente en expandir el uso de billeteras digitales, sino en integrarlas dentro de una estrategia nacional que promueva el ahorro formal, el acceso al crédito productivo y la reducción sostenida de la informalidad.
[1] Es la capacidad técnica y normativa que permite la conexión entre distintos ecosistemas de pago, como Yape y Plin. Su implementación por el BCRP eliminó la fragmentación del mercado, reduciendo los costos de transacción al permitir transferencias entre cualquier entidad mediante el uso de números de celular o códigos QR.
[2] Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) son 17 metas globales de las Naciones Unidas (2015) para erradicar la pobreza y reducir la desigualdad. La inclusión financiera es un facilitador clave de ODS específicos como el Fin de la pobreza (1), Igualdad de género (5), Crecimiento económico (8), y Reducción de desigualdades (10).
Referencias:
Andía, A., Paliza, M., & Aurazo, J. (2025, marzo). Factores de éxito de las billeteras digitales en Perú y el rol del Banco Central. Moneda, (201), 11-17.
BBVA. (2025, 22 de mayo). Las billeteras digitales crecen como medio de pago en Perú. Salud Financiera. https://www.bbva.com/es/pe/salud-financiera/las-billeteras-digitales-crecen-como-medio-de-pago-en-peru/
Delgado Tong, P. (2025, 9 de diciembre). Perú lidera adopción de billeteras digitales en Latinoamérica con un 75% de acogida. Infobae. https://www.infobae.com/peru/2025/12/09/peru-lidera-adopcion-de-billeteras-digitales-en-latinoamerica-con-un-75-de-acogida/
Humala, L., & Alzamora, M. (2023). La clave está en la inclusión financiera. Moneda, (194), 25-31.
Instituto Nacional de Estadística e Informática. (2023). Informe Técnico: Estadísticas de las Tecnologías de Información y Comunicación en los Hogares. https://www.inei.gob.pe/
Montero, J., & Delgado, M. (2023). El uso de efectivo en el Perú: Tendencias y desafíos. Banco Central de Reserva del Perú.
Saavedra, I. (2025). Las billeteras digitales ya mejoran los ingresos de los hogares. Apoyo Consultoría. https://www.apoyoconsultoria.com/es/las-billeteras-digitales-ya-mejoran-los-ingresos-de-los-hogares/
Tuesta, D. (2020). Dimensiones de la inclusión financiera: una mirada desde el Perú. BBVA Research. https://www.bbvaresearch.com/publicaciones/dimensiones-de-la-inclusion-financiera-una-mirada-desde-el-peru/
Vega, M., & Aurazo, J. (2017). Inclusión financiera en el Perú: ¿dónde estamos y qué falta? Moneda, (169), 12-17.
World Bank. (s.f.). Financial inclusion overview. https://www.worldbank.org/en/topic/financialinclusion/overview