La primera infancia es considerada la “edad de oro”, debido a que constituye la etapa crítica en el desarrollo humano. Esta aborda la infancia, de 0 a 3 años, y la niñez temprana, de 3 a 5 años, en la cual prima el crecimiento cerebral, así como el desarrollo físico, cognitivo, del lenguaje, emocional y social (Papalia, 2012). Todas estas áreas del desarrollo se encuentran altamente interrelacionadas, por lo que es necesario proveer un contexto de soporte, es decir, que atienda las necesidades específicas y especializadas (Bekir, 2020). A pesar de esto, en sociedades adultocéntricas, caracterizadas por el ejercicio unilateral de los adultos, la primera infancia es constantemente subestimada o ignorada (Duarte, 2019). No obstante, es relevante poner en evidencia la importancia de la inversión estatal y privada en el desarrollo de esta etapa de la vida. El presente artículo describe el estado de la primera infancia en el Perú, explora cuáles son los beneficios sociales y económicos de la inversión en esta etapa; y analiza las políticas e intervenciones implementadas.
1. La primera infancia en el Perú
En el periodo de nacimiento hasta los primeros 5 años de vida, la estructura del cerebro incrementa y va definiendo, la cognición, su funcionamiento, así como el riesgo de trastornos mentales (Gilmore et al., 2022). Las investigaciones muestran que las carencias o adversidades en la primera infancia (como pobreza, desnutrición, falta de estimulación o maltrato) pueden limitar el desarrollo del potencial humano, perpetuar desigualdades y aumentar el riesgo de problemas cognitivos, emocionales y de salud en la adultez (Attanasio et al., 2022). Por el contrario, intervenciones y programas en esta etapa mejoran el rendimiento escolar, la salud, la productividad y el bienestar social a largo plazo.
En el Perú se ha asignado un gasto público en las niñas, niños y adolescentes (GPNNA) con el interés común de entidades del Estado por contribuir a mejorar la asignación y ejecución presupuestal en temas sociales, con énfasis en la niñez y adolescencia. En los últimos años, el GPNNA alcanzó los S/ 44 508 millones en 2022 y S/ 42 693 millones en 2021, lo que representa un crecimiento de 4%. Respecto a su peso en la economía, el GPNNA representó el 4.7% del Producto Bruto Interno (PBI) en 2022 y el 4.9% en 2021, mientras que, dentro del gasto público total, su participación pasó del 25.1% al 25.6% entre esos años. Es decir, la inversión pública en niñas, niños y adolescentes creció en términos relativos al PBI, pero se redujo como proporción del gasto público general. Cabe señalar que del GPNNA, el 32-34% es asignado a la primera infancia entre el 2019 y el 2022, como se muestra en el gráfico 1.
Gráfico 1: GPNNA según etapa del ciclo de vida, 2019 y 2022
(en millones de soles y en porcentaje)
Fuente: Elaboración propia con base a Grupo de Seguimiento al Gasto Público en Niñas, Niños y Adolescentes (2022) y Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (2024)
Si bien se asigna un presupuesto a la primera infancia, es importante reconocer el estado de esta población en diferentes áreas. Según el Observatorio de Bicentenario (2025), la nutrición en la primera infancia en Perú muestra una alta prevalencia de anemia, que afecta al 43,7% de las niñas y niños de 6 a 35 meses de edad en el 2024. Esta condición es más frecuente en el área rural (51,85%) que en la urbana (40,17%), reflejando desigualdades en el acceso a una adecuada alimentación y atención de salud. En cuanto a la prevención, el 33,8% de esta población recibió suplemento de hierro (INEI, 2022), aunque también se debe considerar otros factores causales como la malnutrición, el nivel de pobreza, el acceso al agua potable y a servicios de salud (Accinelli & Leon-Abarca, 2020).
A nivel educativo, el nivel inicial presenta la mayor tasa de asistencia con un 96.7% a comparación del nivel primaria (93.2%) y secundaria (93.2%) (UNESCO, 2025). Sin embargo, un estudio en 1176 niños peruanos menores de 5 años identificó la presencia de necesidades básicas insatisfechas. Los niños que viven en hogares con una o más necesidades básicas insatisfechas mostraron un desempeño motor –0,08 menor de la media y en el lenguaje con un puntaje de –0,06 ligeramente por debajo del promedio esperado. De este modo, los factores determinantes para el desarrollo infantil son: el nivel educativo de la madre o vivir en un hogar con necesidades básicas insatisfechas, dado que retrasa hitos de adquisición del lenguaje o no ofrece una nutrición adecuada para su desarrollo físico (Díaz et al., 2017).
Entre 2016 y 2020, las tasas de cobertura de las prestaciones familiares y por hijos a cargo disminuyeron o se estancaron a nivel mundial, reflejando un retroceso en la protección social de la niñez. Así, en América Latina y el Caribe, la cobertura bajó del 51% al 42%, de modo que esta falta de protección social incrementa la vulnerabilidad infantil frente a la pobreza, la desnutrición, las enfermedades y la deserción escolar (Arispe & Esquén, 2023). En el caso del Perú, este panorama global se refleja en los desafíos persistentes para ampliar la cobertura y eficacia de los programas sociales dirigidos a la primera infancia, que aún no logran garantizar una protección integral frente a la pobreza y la inseguridad alimentaria.
Las principales áreas de intervención para apoyar a la primera infancia y a las familias incluyen una adecuada nutrición, acceso a servicios de salud, agua y saneamiento, educación de calidad y protección social, según el Banco Mundial de la Salud. A su vez, el Centro de Desarrollo de la Infancia de la Universidad de Harvard (2017) señala que los programas efectivos de atención temprana requieren personal calificado y bien remunerado, entornos seguros, y relaciones cálidas y receptivas con adultos de confianza. La corporación RAND (2017) clasifica las intervenciones en cuatro enfoques: cuidado y educación, mejora de habilidades parentales, educación a padres y transferencias monetarias o en bienes.
Un ejemplo de estos enfoques en el Perú son los programas alimentarios y de cuidado infantil. Vaso de Leche, con una inversión aproximada de 198 soles por menor, no logró mejoras sustantivas en el estado nutricional (Gajate & Inurritegui, 2002); en Lambayeque, niños beneficiarios presentaron 36.67% de anemia y altas tasas de parasitosis (51.67% simple y 73.33% compleja) (Jaramillo & Vergara, 2017). De modo similar, Qali Warma, que destinaba cerca de 300 millones de soles anuales a la atención de niños de 3 a 5 años (MIDIS, 2019), enfrentó cuestionamientos por la calidad de los alimentos tras casos de intoxicación que afectaron a 156 escolares en diversos departamentos (Proética, 2025; Chamba & Quispe, 2025). En contraste, Cuna Más mostró efectos positivos en cognición, lenguaje y desarrollo socioemocional, aunque con un deterioro en el vínculo madre–hijo por la separación prolongada (MIDIS, 2024), mientras que Juntos, mediante transferencias de 50 soles mensuales condicionadas a corresponsabilidades, contribuyó a mejorar la nutrición, la salud y la asistencia escolar temprana (MIDIS, 2024).
3. Beneficios de la inversión en la primera infancia
A nivel nacional e internacional se ha demostrado que la inversión en la primera infancia es la que posee mayor tasa de retorno por dólar invertido de 7% a 16% anuales (Unicef, 2014). Esto se debe a que irrumpe con el ciclo de pobreza, desigualdad económica, territorial, entre otros.
Gráfico 2: Tasa de retorno por inversión en capital humano según etapas del desarrollo
Fuente: Adaptado de Unicef (2014)
Asimismo, estudios en otros países mostraron resultados cuantiosos en programas de tipo educativo, educación parental, visitas a hogares, entre otros (Cannon et al., 2017). Los beneficios se han cuantificado principalmente a nivel económico; por ejemplo, en regiones de Asia y África, invertir un dólar en agua potable puede devolver 3.4 dólares en beneficios; en saneamiento, entre 5 y 8 dólares; y en fortificación alimentaria, hasta 37 dólares (Denboba et al., 2014). Son intervenciones con retornos muy altos en salud, productividad y desarrollo humano.
En Estados Unidos, diversos programas vinculados a la educación temprana han mostrado retornos significativos en términos de costo-beneficio. El Proyecto Abecedario Carolina registró un costo por participante de 47,847 dólares y un beneficio neto estimado de 126,477 dólares, lo que representa una relación beneficio–costo de 3.64. De manera similar, el Proyecto Preescolar Perry tuvo un costo de 21,142 dólares y generó un beneficio neto de 160,783 dólares, con una relación beneficio–costo de 8.60. Por su parte, el Chicago Child–Parent Center (CPC) presentó un costo de 9,853 dólares y un beneficio neto de 96,895 dólares, alcanzando una relación beneficio–costo de 10.8. Cabe destacar que estos programas no se limitaron a la instrucción educativa, sino que también incorporaron componentes de educación parental y visitas domiciliarias, ampliando así su impacto en el desarrollo infantil. A partir de este estudio en EE.UU., los programas enfocados en educación de calidad son los que presentaron mejores resultados en diversas y retornos a comparación de otros programas (Cannon et al., 2017).
De esta forma, los beneficios económicos de la inversión en la primera infancia se traducen a nivel individual como menos deserción escolar, más logros académicos, reducción de riesgos de problemas de salud y sociales (adicciones, violencia, pobreza), desarrollo de habilidades socioemocionales clave. Un informe de 3183 programas de Estados Unidos analizó intervenciones orientadas a la salud, el trabajo comunitario y los enfoques de dos generaciones en la primera infancia. A partir de una revisión, sintetiza los resultados de evaluaciones, clasificó los dominios y categorías de resultados evaluados. A partir de esto, presentó el porcentaje de estudios que reportan los resultados más comunes de los programas de primera infancia son en materia de comportamiento y emoción, logro cognitivo y salud infantil, como se observa en la tabla 1.
Tabla 1: Dominios y categorías de resultados y porcentaje de reporte en los programas
Fuente: Elaboración propia adaptado de Cannon y colaboradores (2017)
A partir de estos resultados se muestra que las intervenciones en la primera infancia muestran un impacto significativo en el aspecto emocional y psicológico de los infantes. De este modo, espacios estructurados y especializados facilitan la adquisición de habilidades sociales y emocionales (29.3%). De manera similar, a nivel educativo se ofrecen ambientes que mejoran la adquisición del lenguaje y matemáticas, entre otras materias y logros educativos (26.2%). Es decir, un adulto con mejores condiciones de salud, autorregulación y ajuste social presentaría mayor productividad laboral. Esto se debe a que se previene la exposición a eventos adversos, problemas psicológicos, malnutrición o enfermedades físicas (Cannon et al., 2017; Moffitt et al., 2010). De esta forma, estos beneficios a nivel micro desencadenan una serie de beneficios a nivel social, dado que impacta positivamente en las dinámicas que se van formando en los y las ciudadanas (Maureen et al., 2017). Ello impacta en la sociedad a través de una mejor calidad de vida, reducción del crimen, menor remediación educativa, etc. (Centro de Desarrollo Infantil de Harvard, 2017).
4. Conclusiones
En conclusión, la inversión en la primera infancia es la más rentable para cualquier país. Los primeros años de vida no solo definen los aspectos fisiológicos, sino los vínculos sociales a futuro porque abarca el desarrollo inicial de las personas en la vida social. Así, los beneficios son integrales: impacta en la vida de los participantes, considerando si son infantes, padres o cuidadores; beneficios en el sector público o en la esfera privada, otros miembros de la sociedad (Cannon et al., 2017). Finalmente, es importante reconocer que el cuidado de las infancias es multidimensional, no se limita a la prevención de la anemia y a dar una educación de calidad, sino que importa la calidad de sus entornos sociales y el desarrollo de sus emociones para tener adultos saludables a futuro.
5. Recomendaciones
A nivel gubernamental, es fundamental priorizar políticas públicas y programas orientados a la primera infancia, en especial aquellos centrados en asegurar una educación de calidad. Si bien las transferencias de bienes pueden constituir un apoyo relevante, es necesario articularlas de manera integral con estrategias de educación parental o con intervenciones basadas en visitas domiciliarias. La evidencia señala que una diferenciación excesiva entre programas puede generar estigmatización, pues los beneficiarios pueden ser identificados como población vulnerable y, en consecuencia, experimentar exclusión (Cannon et al., 2014). Por ello, resulta preferible promover iniciativas que fomenten la participación conjunta de los niños y sus familias. Asimismo, la eficacia de los programas depende no solo del volumen del presupuesto asignado, sino también de la transparencia institucional, la solidez de los procesos y la claridad del enfoque de atención a la población (Chamba & Quispe, 2025). En ese sentido, los esfuerzos de inversión deben orientarse no solo a garantizar la supervivencia de las familias y los infantes, sino también a consolidar y promover una vida de calidad.
Referencias
Accinelli, R.A., & Leon-Abarca, J.A. (2020). Age and altitude of residence determine anemia prevalence in Peruvian 6 to 35 months old children. PLoS ONE, 15(1), 1-18. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0226846
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Gilmore, J., Knickmeyer, R. & Gao, W. (2018). Imaging structural and functional brain development in early childhood. Nat Rev Neuroscience, 19, 123–137. https://doi.org/10.1038/nrn.2018.1
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Jaramillo, A., & Vergara, M. (2017). Prevalencia de parasitosis intestinal y anemia en niños beneficiarios del programa Vaso de Leche de la Municipalidad distrital de Patapo-Lambayeque. Revista Científica Salud & Vida Sipanense, 4(2), 1-13. https://revistas.uss.edu.pe/index.php/SVS/article/view/695
Gajate, G. & Inurritegui, M. (2002). El impacto de los programas alimentarios sobre el nivel de nutrición infantil: una aproximación a partir de la metodología del “Propensity Score Matching”. Revista Economía y Sociedad, 63-70. https://cies.org.pe/investigacion/el-impacto-de-los-programas-alimentarios-sobre-el-nivel-de-nutricion-infantil-una-aproximacion-a-partir-de-la-metodologia-del-propensity-score-matching/
Proética (2025). Niños intoxicados por productos de Frigoinca en el programa Qali Warma siguen sufriendo. Oficina Legal Anticorrupción. https://www.proetica.org.pe/oficina-legal-anticorrupcion/ninos-intoxicados-por-productos-de-frigoinca-en-el-programa-qali-warma-siguen-sufriendo/
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